¿Y si no hubiera nada que corregir en nuestros cuerpos?

¿Y si no hubiera nada que corregir en nuestros cuerpos?

Lo tenemos tan interiorizado que apenas nos damos cuenta. Nos miramos al espejo y, de repente, solo tienes ojos para ellas: arrugas, cartucheras, estrías, cicatrices… Pero, ¿y si no hubiera nada que corregir en nuestros cuerpos? ¿Y si todos los mensajes que recibiéramos a diario nos dijeran que somos perfectos tal y como somos? Que no importa si tienes la piel seca, grasa o si tienes celulitis porque lo que importa es lo que eres y no lo que aparentas, ¿se imaginan?  

Si no son capaces, algo de lo que no les culpo dadas las circunstancias, dediquen por favor dos minutos de su tiempo a ver el nuevo trabajo de Yolanda Domínguez, Total Correction.

Con él, la artista quiso “empoderar” a los viandantes que el pasado 23 de febrero paseaban por la plaza de Callao y se acercaron a conocer una supuesta nueva crema facial. Le bastaron seis palabras para revolucionarlo todo: “No necesitas nada. Estás estupenda así”.

 

 

 

Según me cuenta Yolanda en una interesantísima conversación telefónica (prometo que me costó mucho colgar el teléfono), la idea le vino a la cabeza al descubrirse un día cualquiera manteniendo una conversación, no con ella misma, sino “contra” ella. “No nos damos cuenta, pero frente al espejo nos repetimos las mismas frases que escuchamos y vemos en los anuncios; nos empezamos a sacar fallos y no paramos. Parece que el cuerpo natural está mal y que sólo con ciertos productos lo vamos a hacer mejor”, argumenta.

Aunque el cuerpo femenino es su “campo de batalla” artístico desde hace años, con Total Correction Yolanda ha querido rebajar el tono de denuncia social de sus anteriores trabajos y centrarse en trasladar un mensaje “en positivo”. De hecho, asegura que se ha “cortado mucho” a la hora de elegir los testimonios que aparecen en el vídeo porque había “historias realmente estremecedoras”.

También ha influido en la selección de los testimonios el hecho de que, para darle mayor credibilidad a la escena, Domínguez no pidió permiso para grabar a ninguna de esas personas. Esto le podría acarrear algún problema legal relativo a derechos de imagen, pero sólo así ha podido captar la esencia de esas mujeres y hombres que, realmente, creían que estaban ante unas especialistas de bata blanca (las actrices Esther Gimeno y Velilla Balbuena) que, milagrosamente, no les acababan vendiendo  una de esas lociones que prometen devolverte la cara de cuando tenías 20 años.

Muy al contrario, les hicieron sentir bellas tal cual eran. Les recordaron que los signos de envejecimiento son también sinónimo de risas y experiencias vividas y, lo más importante, que más que cómo te vean los demás, importa cómo te ves tú.

Todos decidimos qué imagen queremos mostrar

Y es que, como me recordó Domínguez, hoy en día todos tenemos la capacidad de generar imágenes sobre uno mismo y, por tanto, elegir la manera en que queremos que nos vean.  No vale con echarle la culpa únicamente a los anuncios de prensa y televisión y a las compañías cosméticas que, como empresas que son, quieren vender cuanto más mejor. Debemos reflexionar sobre cómo nos mostramos a los otros, por ejemplo, en nuestras redes sociales y entender que en la vida real no hay filtros ni photoshop que valga.  

“No son sólo las marcas las responsables, nosotros también tenemos la capacidad y la oportunidad de visibilizar y mostrar nuestros cuerpos tal cual son”, insiste la artista, que anima a todas las personas a ir “encontrando su camino” a la hora de contrarrestar estereotipos e imágenes idealizadas.

Está en lo cierto. No se acaba el mundo porque la flacidez empiece a apoderarse de tu cuerpo pasados los 30 ni porque lo que antes eran unas leves líneas de expresión ahora sean unas patas de gallo hechas y derechas. Obviamente, se pueden hacer muchas cosas (naturales y artificiales) para mejorar los signos de la edad, pero por favor, que no sea por complacer a los demás.

Valorémosno por lo que somos y tomémosno nuestra imagen un poquito menos en serio. Al menos, con más sentido del humor, que no pasa nada porque te cuelguen en Facebook una foto, digámoslo finamente, en la que no sales especialmente favorecida . ¿O sí? 😉  

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