Si la ropa fuese más cara, ¿compraríamos menos y mejor?

Si la ropa fuese más cara, ¿compraríamos menos y mejor?

Hace algo más de una semana que se celebró el primer encuentro de moda sostenible y reciclaje organizado en Madrid por Ecoembes, la MFShow y el Museo del Traje y, desde entonces, no paro de hacerme la misma pregunta. Una pregunta que allí también quedó sin respuesta y de la que me gustaría conocer vuestra opinión. Si la ropa fuese más cara, es decir, si se vendiera al precio real que costaría si se fabricara de acuerdo a un proceso de producción ético y sostenible, ¿compraríamos menos y mejor?

Según los expertos que participaron en varias de las mesas redondas de este encuentro, así debería ser. “Hay que acabar con el frenesí del consumo de moda”, sentenció la directora de la revista ‘Yo Dona’, Marta Michel. En su opinión, los consumidores tenemos que ir acostumbrándonos a comprar menos prendas, pero de mejor calidad.

I encuentro de moda sostenible y reciclaje

I encuentro de moda sostenible y reciclaje (foto: Ecoembes)

Michel y sus contertulios –Juan Gutiérrez, responsable de la colección de moda contemporánea del Museo de Traje, y Pedro Monjardín, director del grado de Diseño de IADE– también hablaron de la comunicación y de lo mal que se está informando a la sociedad tanto de las repercursiones de sus compras a precios de saldo (a veces, ni eso) como de los avances que se están haciendo en el mundo de la moda para hacerla sostenible.

Tengo la ingrata sensación de que la culpa siempre recae en una mala comunicación. La excusa, manida como pocas en el ámbito de la política, ahora también sirve para no reconocer que, hasta hace dos días como quien dice, nadie en el ecosistema fashion se preocupaba por la moda ecológica o slow. Es más, muchos la asociaban a lo feo y al antiglamour mientras los dueños de los emporios hacían cajan mirando para otro lado y ocultando el origen de sus prendas.

Estoy cien por cien de acuerdo en lo que se convirtió en el titular de la mañana: “hay que acabar con el frenesí del consumo de moda”. Sí, pero ¿cómo? Publicaciones como YoDona precisamente no ayudan. En sus páginas, web y redes sociales, como en las de tantas otras revistas, se incita al consumo diario y masivo de prendas y productos de belleza y se asocia la imagen de la mujer fuerte y segura de sí misma a la de aquellas que llevan las últimas tendencias.

Inditex & Cía, ¿democratización de la moda o consumismo exarcerbado?

Estas jornadas trajeron a mi mente el tiempo en que mi madre nos llevaba a mi hermana y a mí a Confecciones García, una tienda de mi pueblo, y nos equipaba a las dos para todo el invierno con un par de pantalones vaqueros, algunas camisas y un chándal nuevo. Nuestros looks los completaba con los vestidos, faldas y pichis que, con muy buenas manos, nos hacía en sus clases de corte y confección. A eso sólo había que añadir un par de zapatos (unos para el colegio y otros para los domingos) y los jerseys y bufandas de punto que nos hacía por las noches en el sofá. Listas, ya teníamos el kit completo. O como se llama ahora, los must have de la temporada.

Acabo de cumplir 32 años, no soy tan vieja, pero los cambios en el mundo de la moda a pie de calle han sido tan rápidos y homogeneizadores que parece mentira que hace sólo 20 años nos conformásemos con tener tres o cuatro cosas decentes y duraderas en el armario. Hoy te compras una camiseta y, si me apuras, te dura un año en condiciones. Los Zaras, Mangos, H&M, Stradivarius y compañía han servido para eso que llaman “democratizar” la moda pero también, admitámoslo, para convertirnos en consumidores insaciables. En perfectas máquinas de comprar, usar y tirar. Más aún, si la prenda es una ganga.

Que tire la primera piedra quien no haya comprado nunca camisas a 5 euros, pantalones a 10 y zapatos a 15 en muchas y distintas tiendas. Yo la primera ¿Es ese un precio lógico? Francamente, no. Quizás eso no valgan ni los materiales de los que están hechos, pero ahí están, al alcance de la mano y, sobre todo, del bolsillo de la gran mayoría de españoles que, con suerte, llegamos a final de mes haciendo carambolas.

No todo está en las etiquetas

Obviamente, la decisión última de comprar o no y qué está en nosotros mismos. Pero, ¿cómo saber exactamente lo que nos llevamos a casa?

Campañas como esta de #FashionRevolution nos hicieron abrir los ojos y darnos cuenta de que no es lógico que una camiseta valga 2 euros. Incendios como el de 2012 en Bangladesh, que alberga alrededor de 4.500 fábricas textiles que producen para multinacionales como Tesco, Wal-Mart, H&M, Marks & Spencer, Kohl’s y Carrefour, también. Pero, tras eso, llevamos semanas viendo colas kilométricas para entrar en la nueva tienda de Primark en la Gran Vía madrileña. ¿A qué responden? ¿A que a los españoles nos gusta más un sarao y un centro comercial que a un tonto un lápiz? ¿A la crisis y a que hay familias que viven con la pensión de los abuelos?

Me temo que a todo eso, y a más. Es un tema tan complejo que nadie contesta sin titubear a la siguiente pregunta: ¿Comprar una camisa a 40 euros en Adolfo Dominguez (leáse cualquier otra tienda de precios medios-altos) te asegura que haya sido fabricada en mejores condiciones que una de 12 euros de Bershka, Mulaya o similar?

La lógica diría que sí, pero pocos se atreven a afirmarlo con rotundidad. Falta transparencia. Muchas firmas siguen sin aclarar dónde compran y quiénes procesan sus materias primas y el etiquetado tampoco lo es todo en este ámbito. El Made in Spain, algo cada vez más buscado por los consumidores, no asegura que el producto haya sido fabricado en España al cien por cien, entre otras cosas, porque no hay ninguna normativa al respecto. Lo dijeron con la boca pequeña algunos de los participantes en estas jornadas y, como se ve en este reportaje de Equipo de Investigación de la Sexta, el “hecho en España” es algo fácilmente manipulable.

Tampoco las certificaciones que ya existen en España aclaran del todo si la prenda es totalmente sostenible. En la actualidad, hay tres tipos de certificados: los ambientales, que garantizan que las prendas son respetuosas con el medio ambiente y establecen  límites de residuos tóxicos de la ropa; los ecológicos, que se refieren al proceso de obtención de las fibras, que debe ser mediante agricultura ecológica u orgánica; y el certificado de responsabilidad social, que garantiza que han sido elaborados en unas condiciones de trabajo óptimas.

De ahí que aún no haya aún ninguna etiqueta o certificación que garantice que el producto es total y absolutamente sostenible. Como explicó en las jornadas María Almazán, de Latitude Contemporary Fashion Makers (organización que contribuye a desarrollar la industria textil europea desde la sostenibilidad y ofrece a diseñadores soluciones y herramientas con este fin), lo que hasta ahora “se puede certificar es una parte del proceso, no el producto final”.

El discurso de Almazán realmente me consquistó. Transmitía ilusión, optimismo, compromiso y, sobre todo, futuro. Definió a los nuevos diseñadores como “agentes activos del cambio” hacia un modelo de moda sostenible y, junto con Pablo Ramiro, de Hilaturas Ferre, y Carol Blázquez, de Ecoalf, me hicieron pensar que quizás dentro de no mucho una pueda comprarse un abrigo de 100 euros con la tranquilidad de que te va a durar muchos años y que no se ha esclavizado a nadie para hacerlo. Saber que de los posos del café, de las redes que los marineros pierden en el fondo del mar y de las botellas de plástico pueden hacerse tejidos reciclados de calidad y distintos colores, me hicieron creer en ese mundo mejor en el que aspiro a vivir.

Luego, de vuelta a casa, pasé por la Gran Vía y se me retorció el gesto. Allí seguía la cola y, entre las personas que la hacían, cientos de personas como yo y como tú. Me acordé entonces de Macaco y su canción ‘Moving’:

“Una gota junto a otra hace oleajes/ luego mares, océanos

Nunca una ley fue tan simple y clara/ acción, reacción, repercusión

Murmullos se unen y forman gritos/ juntos somos evolución”

Pues eso, aquí mi primera gota.

1 Comentario

  1. ¡Interesantísima reflexión!

    Responder

Enviar comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Uso de cookies

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información.plugin cookies

ACEPTAR
Aviso de cookies