Pequeñas almas rotas

Pequeñas almas rotas

Sus cuerpos menudos dicen que Marwan, Arasulí, Hamude, Jihan, Kais o Mohammed son niños. Pero no queda infancia en sus ojos, sólo miedo, dolor, hambre, cansancio y desesperanza. Duele verlos llorar y hasta duele verlos reír, por eso es tan recomendable la película Nacido en Siria, recién galardonada con un Premio Forqué y nominada al Goya como mejor documental.

La historia de estos pequeños obligados a ser adultos es tan dura y la bofetada tan grande que, al salir del cine, no puedes más que dar las gracias por no saber lo que es una guerra y sentir vergüenza, mucha vergüenza. ¿Cómo es posible que sigamos construyendo muros, vallas y alambradas para impedir el paso de quienes huyen de una muerte segura o de la miseria? ¿No hemos aprendido nada de nuestro pasado migratorio más inmediato? ¿Es que ninguno de nuestros gobernantes ve cómo estas personas están muriendo de frío en los campamentos de refugiados o ahogados en alta mar, previo pago a las mafias? ¿Qué fue del sentimiento que despertó Aylán?

Sí, ya sé… dirán que esto es populismo barato, que no todo es tan fácil como dejarles pasar, que hay temas legales, políticos y de seguridad que son imprescindibles de analizar (aunque al final todo se trate de economía) y que, si tan avergonzada me siento, les abra las puertas de mi casa a los primeros sirios que me encuentre por la calle.

Ahí está la clave. Ante la indolencia e indiferencia, esa gran enfermedad del siglo XXI, el ataque a quienes intentan combatirla. Dirigentes como Marine Le Pen o Víktor Orbán son expertos en ridiculizar la empatía, en agitar el miedo a lo desconocido y en hacer peligrosos paralelismos entre terrorismo e inmigración. Entre sus argumentos más falaces, que “si los dejamos entrar a todos Europa se irá a pique” o que “no hay un derecho fundamental a una vida mejor”. Al debate se ha sumado Donald Trump en las últimas horas, quien ha criticado a Angel Merkel —la única, por cierto, que más ha cumplido con sus compromisos en materia de asilo—por cometer el “error catastrófico de haber dejado entrar en el país a todos esos ilegales”.

Esta creciente insolidaridad y xenofobia nos va a dinamitar como sociedad. Difundir estos mensajes simplistas y facilones es una irresponsabilidad por la que los líderes políticos que los promueven y abanderan tendrían que pagar. Sin embargo, creo que también ha llegado la hora de entonar el mea culpa. Si calan es por puro desconocimiento, porque la mayoría de los medios de comunicación no están contando con rigor lo que ha pasado y está pasando en Siria y porque, para cada uno de nosotros, es más cómodo no mirar hacia ese otro lado del mundo.

No les culpo. Aquí también tenemos pobreza, asesinatos (machistas ya van 3 en la primera quincena del año) y muertos en nuestras playas, entre otras muchas tragedias cotidianas. La diferencia, quizás, es que la guerra de Siria —como la invasión de Irak hace más de 13 años y que, entre otras consecuencias, dio alas al autodenominado Estado Islámico—pudo evitarse.

Los periodistas Javier Espinosa y Mónica G. Prieto, conocedores como pocos del país y autores del ensayo Siria, el país de las almas rotas, creen que “Occidente pudo parar al principio este conflicto si se hubiese presionado mínimamente a Bashar Asad”. Pero no se hizo. Como ahora no se está haciendo nada por evitar las muertes por frío en los campamentos de refugiados. ¿Acaso no sabíamos que llegaría el duro invierno? Mire por donde mire, veo un gran vacío de humanidad.

Me gustaría, sin embargo, no caer en el desaliento. Quizás sea un paso insignificante, pero estoy convencida de que todos los que ya hemos visto la película de Hernán Zin tenemos ahora otra visión del conflicto. Igual que quienes se interesan por saber de las injusticias de otros, los que trabajan como voluntarios o los que ven las noticias y se les cae una lágrima. Ojalá pronto Siria deje de ser ese país de (pequeñas) almas rotas, Jihan vuelva a reunirse con su madre y Mohammed escuche a sus amigos felices. Ya ven, no piden tanto.

 

*Artículo publicado en La Voz del Sur

Enviar comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Uso de cookies

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información.plugin cookies

ACEPTAR
Aviso de cookies