¡Operación destape!

¡Operación destape!

A estas alturas, seguro que ya has visto decenas de portadas de las llamadas revistas ‘femeninas’ con modelos, actrices, cantantes o blogueras (si alguien ha visto a alguna científica o escritora que me avise, por favor) luciendo palmito en bikini o, directamente, enseñando teta, cacha o culo. Y ante semejantes poses y contorsiones, siempre hay un demonio interior que te recuerda que, otro año más, llegas tarde a la operación bikini.

Pero no, este año no pienso caer en la trampa. A base de disgustos y no pocas decepciones, ya he aprendido a creerme al menos la mitad de lo que mis ojos ven en esas páginas. Ya sé, por ejemplo, que aunque me mate diez días a base de smoothies y burpees no voy a tener las hechuras de la chica de la foto ni una piel tan firme y sedosa por muchos kilos de crema anticelulítica que me unte. Y hacedme caso, ni intentéis llegar a la playa como ellas. Los peep toes y loubutines (apurando, ni las cuñas), por mucho que estilicen y vayan a juego con el kaftán y el cesto de mimbre tamaño XL, no son para andar por la arena.

Después de tres décadas de existencia, también me he percatado ya de que los anillos, gargantillas, pendientes y cinturones, mejor dejarlos para la típica vueltecita nocturna por el paseo marítimo. Otra cosa de la que he desistido es del maquillaje. Por muy waterproof que sea, el churrete de rímel te puede llegar hasta la barriga si tu madre no corre en tu auxilio y para esas lágrimas negras con el piquito de la toalla, previamente empapado en saliva, arena y sal. ¿Un peeling natural? No más, gracias.

Por todo eso (y mucho más), este verano me he propuesto acometer mi particular operación bikini. Se llamará ‘¡¡¡Operación destape: quítate complejos y denuncia disparates!!!

Porque estoy harta. Porque no quiero sentirme esclava de ningún canon estético ni tendencia. Porque, para mí, la moda es creatividad, imaginación, arte; no imposición. Porque una vida sana implica saber escuchar a tu cuerpo y a tu mente. Porque quiero ser feliz. Porque no estoy dispuesta a que decidan por mí. Porque no soy menos guapa o sexy porque no tenga una 38 de pantalón o una 95 de pecho. Porque quiero que las modelos curvy dejen de ser algo anecdótico o exótico. Porque no podemos idealizar un arquetipo de mujer que no es el mayoritario y despreciar a las muchas que luchan a diario por demostrarse ante el espejo que son mucho más de que lo dice su reflejo. ¿Quién se apunta?

4 Comentarios

  1. Yo me apunto! Olé porque tienes toda la razón. Y todas deberíamos aprender a querernos con una 38 o con una 44…

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  2. ¡Exacto! Ese es el objetivo, quererse un poquito más y no dejarse engañar fácilmente. Besos.

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  3. Eso es todo, mientras en otro articulo demonizas a los que se hacen llamar “fofisanos” aquí endiosas a las “curvy” pequeño detalle, cuando se habla de curvas es en cuanto a caderas, cintura, senos gluteos y piernas, no sus lonjas, si les cuesta tanto no hacer una dieta sana si les pesa tanto hacer ejercicio, bueno, es su cuerpo y su vida pero no quieran llamar aceptación a su pereza. o de menos dejen de demonizar a los hombres que no quieren lucir como los hombres por las que todas ustedes mojan las bragas

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  4. Tienes toda la razón del mundo,el que aprecie una talla o una imagen más que una persona o su interior,creo que lo dice todo!.Hay que ser feliz con uno mismo como es!y a quien no le guste que no mire….

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