¿Por qué me deshice de los pantalones de campana?

¿Por qué me deshice de los pantalones de campana?

Cada vez que veo un escaparate pienso lo mismo. ¿Pero por qué me deshice de mis pantalones de campana, por qué? Si todo vuelve. Ya lo dice mi madre cada vez que nos vamos de compras. Ella exclama “!mira, yo tenía un vestido igualito a este!”, y yo siempre respondo “¿y por qué no lo guardaste, hija mía?”. La respuesta es de lo más simple. Porque mi madre, al igual que yo, no es adivina y no puede ni imaginarse lo perversa que puede llegar a ser la industria de la moda para que, cada cierto tiempo, se lleve (otra vez) justo lo contrario de lo que era tendencia hasta hace nada. Y no seáis mal pensados, no lo hacen para vender más y para que creamos que ya no nos sirve nada de lo que tenemos en el armario, noooooo… ¡qué va! El invierno pasado aún estábamos en la dictadura del pitillo –sí, ese con el que pierdes unas 200 calorías cada vez que te lo intentas poner recién lavado–, por lo que, después de muchas vueltas, decidí deshacerme de los dos vaqueros de campana que había estado guardando unos siete u ocho años y que sólo usaba cuando el cesto de la ropa sucia triplicaba su tamaño. ¿Pero, por qué? ¿Quién me mandaría a mí? Creo que sucumbí al efecto amilanador de toda dictadura. Perdí la esperanza, la ilusión  de verlos otra vez en movimiento por las calles de nuestro país. Sí, yo, la misma que se resistió al slim, al skinny y al superskinny durante meses hasta que ya no hubo en las tiendas nada más...
Celulitis: la enemiga (in)visible

Celulitis: la enemiga (in)visible

Habréis comprobado que durante la época estival los artículos sobre la celulitis se multiplican cual milagro de los panes y los peces. Que si cremas, tratamientos, ejercicios específicos… pero, ¿acaso habéis visto rastro de esos bultitos en las mujeres que aparecen en las páginas interiores de esas revistas? Me refiero a las publicaciones de más de 200 páginas y de elegante papel satinado, no a esas tipo Cuore que se dedican a intentar subirle la moral a una parte de la población femenina a costa de despellejar a la otra mitad con fotos malintencionadas y canallamente ampliadas. Como decía, la celulitis es la enemiga (in)visible. Está sin estar. Se habla de ella continuamente en los textos pero no aparece por ningún lado más allá, si acaso, de la típica foto de una cacha o cartuchera que, al ser estrujada, presenta algo de esta acumulación del tejido adiposo cuya aparición, dicho sea de paso, está estrechamente relacionada con el desarrollo hormonal de las mujeres. Me tuve que reír hace un par de semanas cuando leía una entrevista a Blanca Suárez en Women’s Health en la que se quejaba de la presión que sufren las actrices respecto a su físico. Y no porque no lleve razón, que la lleva, sino porque las fotos que ilustran sus palabras no pueden ser más contradictorias. Así, mientras ella asegura que las actrices no tienen por qué “estar siempre perfectas” y reivindica poder tener almacenada una poca de grasa corporal — la gente ”se olvida de que somos personas normales y que tenemos celulitis”, son sus palabras exactas–, el reportaje fotográfico muestra a una Blanca...

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