Celulitis: la enemiga (in)visible

Celulitis: la enemiga (in)visible

Habréis comprobado que durante la época estival los artículos sobre la celulitis se multiplican cual milagro de los panes y los peces. Que si cremas, tratamientos, ejercicios específicos… pero, ¿acaso habéis visto rastro de esos bultitos en las mujeres que aparecen en las páginas interiores de esas revistas? Me refiero a las publicaciones de más de 200 páginas y de elegante papel satinado, no a esas tipo Cuore que se dedican a intentar subirle la moral a una parte de la población femenina a costa de despellejar a la otra mitad con fotos malintencionadas y canallamente ampliadas.

Como decía, la celulitis es la enemiga (in)visible. Está sin estar. Se habla de ella continuamente en los textos pero no aparece por ningún lado más allá, si acaso, de la típica foto de una cacha o cartuchera que, al ser estrujada, presenta algo de esta acumulación del tejido adiposo cuya aparición, dicho sea de paso, está estrechamente relacionada con el desarrollo hormonal de las mujeres.

Me tuve que reír hace un par de semanas cuando leía una entrevista a Blanca Suárez en Women’s Health en la que se quejaba de la presión que sufren las actrices respecto a su físico. Y no porque no lleve razón, que la lleva, sino porque las fotos que ilustran sus palabras no pueden ser más contradictorias.

Así, mientras ella asegura que las actrices no tienen por qué “estar siempre perfectas” y reivindica poder tener almacenada una poca de grasa corporal — la gente ”se olvida de que somos personas normales y que tenemos celulitis”, son sus palabras exactas–, el reportaje fotográfico muestra a una Blanca impecable en bañador y bikini, sin gramo de más por ningún lado y convenientemente ataviada con los complementos hit de la temporada. Piernas de barbie y cero imperfecciones en la piel: no lunares, no cicatrices, no manchas, no heridas y, por supuesto, no celulitis.

Una vez más, imágenes irreales para personas reales y, seguro, que con alguna estría, peca o pliegue en su haber. ¿Por qué taparlos? Como la propia actriz dice a renglón seguido, “en tu vida real no llevas filtros de Instagram ni nada parecido”. Sería más lógico, pues, que estas publicaciones revisaran su uso del photoshop y apostaran por retratos fieles que de verdad acercaran a la persona, no al personaje. También sería bueno, encomiable incluso, que las entrevistadas exigieran no ser retocadas y se mostraran tal cual son. Quizás así evitarían las presiones estéticas que sufren y serían valoradas únicamente por el trabajo que realizan.

Pero eso es soñar demasiado, creo.  A nadie le gusta salir mal en la foto –a las modelos curvys tampoco, por eso no enseñan la suya– y las industrias cosméticas, entre otras, sólo seguirán ganando millones de dólares mientras sigan convenciendo a las mujeres (y últimamente también a los hombres, gran mercado exponencial aún por explotar) de que hay ciertos “problemas” que sólo se resuelven a golpe de potingue, máquina u operación. Otro día hablaremos de la autoestima.

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