Cuanto más desnudas, más elegantes

Cuanto más desnudas, más elegantes

Al alcalde de Granada, José Torres Hurtado (PP), no le ha sentado bien la ola de calor. Está que arde. “Las mujeres, cuanto más desnudas, más elegantes, y los hombres, cuanto más vestidos, más elegantes”, dijo el otro día para referirse a la indumentaria con la que, en su opinión, debían de ir unos estudiantes a una cena oficial. Visto el consejo, no me lo quiero ni imaginar en la playa ante tanta elegancia femenina a plena luz del día.

Sin ánimo de querer abrir otro nuevo debate sobre el machismo que aún pervive en nuestra sociedad (sí, he dicho machismo y esto lo es), el señor Hurtado ha hecho que lleve varios días pensando en qué es la elegancia.

Coco Chanel pensaba que la clave estaba en la simplicidad: “viste vulgar y sólo verán el vestido, viste elegante y verán a la mujer”. Otros diseñadores, como Karl Lagerfeld, sitúan la elegancia en el terreno de lo innato, del ser y el estar: “si una mujer no la tiene desnuda, no la tendrá vestida”. Y yo, que soy de pueblo (y a mucha honra), sólo puedo acordarme ahora de célebres frases populares del tipo “si enseñas por arriba, tápate por abajo” o “es mejor insinuar que enseñar”.

El caso es que, de un tiempo acá, es casi imposible ver una alfombra roja sin una celebrity semidesnuda. Acuérdense de Rihanna recogiendo el premio Icono de la Moda en 2014 o, más recientemente, de Beyoncé, Jennifer López y Kim Kardarshian en la gala benéfica del Museo Metropolitano de Nueva York (MET).

Para Torres Hurtado no cabe ya la menor duda de que estos tres últimos estilismos son el culmen de la elegancia. Sin embargo, voces con más autoridad en el mundo de la moda como la de Carolina Herrera han criticado que no llevaran “nada puesto”.

Está claro que este tipo de acontecimientos forman parte de un espectáculo y que los vestidos, nos gusten o no, son en su mayoría joyas dignas del artesano más meticuloso del mundo. Lo que me gustaría saber de verdad es por qué ellas eligen esos y no otros. Si lo hacen como símbolo de rebeldía y libre disposición de su cuerpo o sólo por resultar sexy ante determinado público, lo que sería un claro ejemplo de sumisión. Ahí está el quid de la cuestión. Rebelión o tiranía. Una cuestión compleja y llena de matices que, en cuanto tenga oportunidad de entrevistar a Beyoncé, feminista declarada, os contaré encantada.

Mientras tanto, sólo un refrán (también de pueblo) para Torres Hurtado. “Más sufre el que mira que el que enseña”.

 

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