Un momento de cordura en el Congreso

Un momento de cordura en el Congreso

Ayer fue la primera vez que entré en el Congreso de los Diputados. Y lloré. Desgraciadamente, no fue por la emoción de asistir a un debate constructivo y enriquecedor entre las señorías que nos representan. Antes de que se liara parda (y con razón) por escenas más propias de un Sálvame Deluxe que de una cámara legislativa, hubo un momento de cordura. Su protagonista fue Damián, un joven como tú o como yo, con su familia, sus amigos, su trabajo, sus sueños, su pasado y su presente. Sobre su futuro no hablo porque lo desconozco, aunque viendo cómo se manejaba ayer ante lamismísima Reina Doña Letizia, bien me lo puedo imaginar. El caso es que quiero usar su historia, la que él quiso compartir con todos los allí presentes, para entonar el mea culpa. Porque, aunque no me haya dado cuenta, también he contribuido a la discriminación y estigmatización que ha sufrido la gente con cualquier tipo de trastorno mental. Y tú también. ¿Quién no ha dicho alguna vez con ligereza que “fulanito es bipolar” o que” menganita está esquizofrénica perdía”? Sin ir más lejos, yo he sido, soy y seré la loca de mi casa y, aunque me evoque ternura la definición porque siempre se me ha dicho con cariño, ¿qué ocurriría si realmente lo fuera? ¿Acaso no me sentiría culpable de sufrir una enfermedad ajena a mi voluntad y más coartada a la hora de contar lo que me pasa? Precisamente ese es el gran problema de los trastornos mentales: que se silencian y que la mayoría de ellos son, además, invisibles. No es como cuando te partes un...

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