Abuela

Abuela

Hoy cumples 85 años, pero no lo sabes. Hace tanto que perdiste la noción del tiempo y de ti misma que ni siquiera soy capaz de saber cuándo me reconociste de verdad por última vez. Puede que hace meses, años quizás. Hoy cumples 85 años y es tan duro verte así que quiero que te vayas, que te despidas de nosotros para siempre, que descanses de una vez. Nunca pensaremos que no luchaste ni que te rendiste. Una mujer como tú –fuerte, alta, enérgica, de buen comer y mejor mirar– nunca se va sin más. Hoy cumples 85 años y me acuerdo de una de las últimas visitas que te hice a la residencia. Estabas nerviosa y, aunque tus palabras apenas se cuentan ya por decenas, no callabas. Que si la compra, que si la lavadora, que si los niños, que si el abuelo… Mi madre te escuchaba atentamente, y yo sólo podía pensar en cómo era posible que tú sólo recordaras tus obligaciones familiares. Pensé todo el día en ello y al final lo comprendí. No era tan difícil. Tu vida, como la de mi otra abuela y tantas y tantas otras mujeres en aquella época, era sólo eso: cuidar de los demás. Ni se me ocurriría juzgarte por ello, era lo que te tocó. Muy pocas de tu generación tuvieron la oportunidad de hacer otras cosas y hoy no puedo estar más que orgullosa de cómo afrontaste esta situación. Sin embargo, hoy cumples 85 años y no lo sabrás. El Parkinson no te deja leer, no te deja moverte, no te deja casi hablar. Ha hecho de ti...

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