Pequeñas almas rotas

Pequeñas almas rotas

Sus cuerpos menudos dicen que Marwan, Arasulí, Hamude, Jihan, Kais o Mohammed son niños. Pero no queda infancia en sus ojos, sólo miedo, dolor, hambre, cansancio y desesperanza. Duele verlos llorar y hasta duele verlos reír, por eso es tan recomendable la película Nacido en Siria, recién galardonada con un Premio Forqué y nominada al Goya como mejor documental. La historia de estos pequeños obligados a ser adultos es tan dura y la bofetada tan grande que, al salir del cine, no puedes más que dar las gracias por no saber lo que es una guerra y sentir vergüenza, mucha vergüenza. ¿Cómo es posible que sigamos construyendo muros, vallas y alambradas para impedir el paso de quienes huyen de una muerte segura o de la miseria? ¿No hemos aprendido nada de nuestro pasado migratorio más inmediato? ¿Es que ninguno de nuestros gobernantes ve cómo estas personas están muriendo de frío en los campamentos de refugiados o ahogados en alta mar, previo pago a las mafias? ¿Qué fue del sentimiento que despertó Aylán? Sí, ya sé… dirán que esto es populismo barato, que no todo es tan fácil como dejarles pasar, que hay temas legales, políticos y de seguridad que son imprescindibles de analizar (aunque al final todo se trate de economía) y que, si tan avergonzada me siento, les abra las puertas de mi casa a los primeros sirios que me encuentre por la calle. Ahí está la clave. Ante la indolencia e indiferencia, esa gran enfermedad del siglo XXI, el ataque a quienes intentan combatirla. Dirigentes como Marine Le Pen o Víktor Orbán son expertos en ridiculizar la...

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