¡Operación destape!

¡Operación destape!

A estas alturas, seguro que ya has visto decenas de portadas de las llamadas revistas ‘femeninas’ con modelos, actrices, cantantes o blogueras (si alguien ha visto a alguna científica o escritora que me avise, por favor) luciendo palmito en bikini o, directamente, enseñando teta, cacha o culo. Y ante semejantes poses y contorsiones, siempre hay un demonio interior que te recuerda que, otro año más, llegas tarde a la operación bikini. Pero no, este año no pienso caer en la trampa. A base de disgustos y no pocas decepciones, ya he aprendido a creerme al menos la mitad de lo que mis ojos ven en esas páginas. Ya sé, por ejemplo, que aunque me mate diez días a base de smoothies y burpees no voy a tener las hechuras de la chica de la foto ni una piel tan firme y sedosa por muchos kilos de crema anticelulítica que me unte. Y hacedme caso, ni intentéis llegar a la playa como ellas. Los peep toes y loubutines (apurando, ni las cuñas), por mucho que estilicen y vayan a juego con el kaftán y el cesto de mimbre tamaño XL, no son para andar por la arena. Después de tres décadas de existencia, también me he percatado ya de que los anillos, gargantillas, pendientes y cinturones, mejor dejarlos para la típica vueltecita nocturna por el paseo marítimo. Otra cosa de la que he desistido es del maquillaje. Por muy waterproof que sea, el churrete de rímel te puede llegar hasta la barriga si tu madre no corre en tu auxilio y para esas lágrimas negras con el piquito de la toalla, previamente...
31, Madrid

31, Madrid

No es la primera vez que me pasa. Barruntaba un cambio desde hacía meses y, queriendo pero casi sin querer, llegó. Y aquí estoy, a mis 31 y en Madrid, la que hasta ahora sólo era ciudad de paso, de visitas puntuales, de prisas en Atocha y esperas en Barajas. Como la mayoría de madrileños que no son de Madrid, ando en busca de nuevas experiencias y, quién sabe, si de un futuro mejor. En absoluto puedo decir que mi vida en Sevilla fuera infeliz, anodina, ni siquiera calmada, pero algo me pedía un golpe de timón. Otra dirección, otro reto. Superarme y  encontrar algo de lo que soy escarbando en lo desconocido. Salir de la zona de confort. Nueva casa, nuevas expectativas laborales, nuevas metas, algo  por descubrir y construir. No parto de cero. En estas tres décadas de vida he aprendido el valor de las palabras claras, de las gracias y los perdones, del amor sin condiciones y la  ignorancia sin rencores. Me queda mucho por aprender, sobre todo, de las virtudes del silencio. Mientras tanto, os invito a conocer mis próximos aciertos y...

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